Cambridge

Hoy ha sido un día raro

Hoy has tenido un día raro.

Te has levantado, has hecho el desayuno, has hablado con tu familia de más allá del océano – que no del muro -, has leído los cientos de páginas de papers que tenías para esta semana, has hecho la comida y has vuelto a leer. Y esa sensación – no extraña, no buena ni mala, sólo una presencia – te ha acompañado en todos tus pasos, cambios de hoja y reojos al móvil.

Al final, no sabes si por cambiar o para quitarte ese ligero dolor de cabeza que se te ha puesto, has salido a la calle. A impregnarte de normalidad. A capturar ese atardecer a las seis de la tarde, que, por cierto, casi te pierdes.

Y a la vuelta, después de tirar la basura – sí, todo tan raro -, te has dado cuenta. La distancia impone un ritmo ajeno a la actualidad de casa, te hace ser espectador aunque seas participante, te mantiene en la periferia aunque quieras estar en el centro.

Sí, Internet ayuda – oh benditos medios digitales y apps radiofónicas – , pero no hay nada como una buena charla sobre lo bien o lo mal que van las cosas. O sobre qué significa un 47,8%.

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